"¿Y por qué creen que deben ganar Gran Hermano?", les preguntó Mariano Peluffo a los cuatro finalistas unos días antes de la gran definición.

El chaqueño Alex y el tucumano Jorge contestaron casi en simultáneo: "fuimos auténticos. Así como nos mostramos acá, así somos en la vida real". Fin del argumento. El viernes a la noche se supo que no había alcanzado. Alex y Jorge, en ese orden, fueron los primeros descartados para pelear por el título de ganador.

¿Son buenos valores la sensatez, la transparencia? Sí, seguro, y un garantizado motivo de orgullo para familiares y amigos de quien los practica. ¿Le interesan al público? No. A la gente detrás de los televisores poco le importa, por ejemplo, si Jorge Rial conoce de cerca los chimentos de sus vecinos o si Marcelo Tinelli baila en los boliches tan mal como lo hace en el estudio. Con que muestren esas características frente a las cámaras les alcanza. ¿Por qué? Porque es entonces cuando se entretienen. Si después, al sacarse el maquillaje y manejar hasta su casa ambos mantienen la personalidad que exhiben, será mejor o peor, según la idea que el espectador tenga de ellos, pero no determinante.

Cuando encienden el aparato y eligen un programa, los televidentes buscan entretenimiento. Más todavía si deben gastar su dinero para apoyar a un desconocido. Hace unos años los conmovió la historia de una prostituta que entró al reality show en busca de una ayuda económica con la cual criar a su hijo.

Más tarde los atrapó la polarización que Marianela Mirra había logrado sin querer entre sus compañeros. En 2011 se coparon con un ludópata que todo lo veía en términos de estrategias. ¿Y ahora? Muchos lo decían: no hay líderes en la final. El principal fuerte de los finalistas ha sido, justamente, el de no tener ninguno.

En medio de esa neutralidad ganó el único que -tal vez sin analizarlo tan racionalmente- pensó en el deseo del público. El que jugó al payaso, el que más muecas hizo frente a las cámaras, el que peleó graciosamente por el amor de la chica linda. A la pregunta de Peluffo sobre las razones para ganar, Rodrigo contestó: "hice divertir a la gente conmigo".

Los votos que juntó y los $750.000 que ganó le dieron la razón. Ahora, ¿es la del entrerriano la clase de entretenimiento que se merece el espectador argentino? Esa es materia para otro debate.